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Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

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Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Dic 31, 2016 7:36 am

Recuerdo del primer mensaje :

Era una buena noche: cielos despejados, buena temperatura, gente a rabiar por las calles… Sin duda prometía. O eso parecía pensar Damian Giacometti cuando se engalanó con sus ropas más roqueras y salió de bares para disfrutar de la que sería su última noche en la superficie en bastante tiempo. Claro que no todo iba a hacer ocio y jolgorio, tenía una cita importante de madrugada… Pero nadie le impedía disfrutar antes y después.

Pasó las primeras horas de la noche de bar en bar, alternando vasos de whisky seco con rayas de coca. Esta peligrosa actitud no parecía preocupar para nada a Blue Jaguar, que era de la opinión de que cuando estaba en Eden había que disfrutar de los placeres del Paraíso. Lo cierto es que la tolerancia a ambas sustancias de Damian era considerablemente alta, y salvo las pupilas dilatadas, la risa estridente y las ganas de liarla, no parecían afectarle. Sin embargo tuvo que empezar a bajar el ritmo a partir de la una de la madrugada, pues no podía estar demasiado “tocado” durante su reunión. Damian se despidió con una sonora palmada en el culo del muchachito que había estado entreteniéndole en el último bar – y que lo miró claramente decepcionado – y salió a la calle. Sus pasos le fueron guiando por zonas cada vez menos concurridas y cada vez con peor aspecto. Eran casi las tres de la mañana cuando entró en un tugurio – a eso no se le podía llamar ni bar – cuyas viejas y parpadeantes letras de neón denominaban La Puerta de Atrás. Allí lo recibió una música fuerte y estridente, electrónica y odiosa, que no pegaba nada con el ambiente de bar cutre de carretera. Con todo, el local estaba bastante lleno de todo tipo de carroña social, incluso podían verse un par de extraterrestres ilegales que habían decidido dejar su máscara atrás a aquellas horas de la noche y en aquel lugar donde a nadie le importaba una mierda de que puto planeta vinieras.

Damian localizó a su objetivo en una discreta mesa al fondo. Éste también lo vio y lo saludó con la mano. Con su mejor sonrisa de amigo de toda la vida, Damian se inmiscuyó entre la marea de mesas y sillas abarrotadas del bar. Tuvo que darle un toque en el hombro a un tipo que estaba sentado junto a otros tres en la mesa de al lado para que se moviera y lo dejara pasar. El tipo en cuestión – escoria y poco más – se giró para increparlo pero se lo pensó muy mucho al ver la envergadura del peliazul y movió amablemente su silla para dejarle paso. Los otros tres tipos ni lo miraron, pero Damian se dio cuenta de que uno era considerablemente más joven y no parecía pintar nada entre ellos. De hecho, pensó el peliazul, seguramente la mesa era de aquel crío y los otros se le habían acoplado con intenciones desconocidas pero del todo desagradables. No es que a Damian le importara – ni lo más mínimo – pero mientras le estrechaba la mano a contacto y se sentaba junto a él no pudo evitar pensar que conocía a ese chico de algo…

Durante los siguientes quince minutos Damian y su “cita” estuvieron hablando de sus negocios. El otro hombre era un conocido pirata espacial que traficaba, generalmente, con drogas y obras de arte, y que esporádicamente hacía su agosto con la trata de blancas – con especialidad en esos chiquillos con orejas y cola de animalito que a Blue Jaguar daban tanta grima. Hacía años que no se veían y tenían que ponerse al día… Y Damian necesitaba saber si éste tipo había oído hablar de su antiguo capitán. Cuando la respuesta fue no, el humor del peliazul se vino abajo. Le insistió al tipo, tenía mucho interés en reencontrarse con él…

-Lo último que supe es que se metió en algo realmente gordo hace casi diez años.- le dijo el tipo, medio gritando porque con el jaleo de la mesa de al lado a duras penas podían entenderse ni estando sentados a veinte centímetros el uno del otro.- Unos dicen que escapó a las colonias exteriores de la galaxia, otros que está muerto y flotando por el espacio con los restos de su nave de mierda… A saber.

-Vamos chaval, afloja la pasta. Encima que hemos estado entreteniéndote de gratis toda la noche…- Damian empezaba a confundir las palabras de su interlocutor con las de los tipejos de al lado, y una vena peligrosa comenzaba a palpitarle en la sien.- Paga la cuenta y vamos a divertirnos a otro sitio.

-Ahora que lo pienso oí algo sobre él hace un par de años…

-No te hagas el difícil, lo pasaremos bien…

-… creo que le vieron en La-…

-Vamos chico, si es tu última noche en la superficie hay que hacerla inolvidable…

-Se acabó.

No hubo intercambio de palabras ni advertencias. Damian se levantó de su silla, agarró del hombro al primer tipo que pilló – que resultó tenía uno de sus brazos por encima de los hombros del chaval y la otra mano sobre la parte alta de uno de sus muslos – y le arreó tal puñetazo en la cara que lo tiró de la silla, provocó que se volcara la mesa, los otros tipos se levantaran de un salto con los huevos por corbata y todo el garito los mirara.

-¡Cerrad la puta boca ya, me tenéis hasta los huevos! ¡Largo de aquí, joder!
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Lun Ene 02, 2017 5:56 am

Ver la incomprensión pintada en los ojos del chico cuando le apuntó con la alcachofa le hizo reír con más ganas. Por supuesto la forma en la que gritó e intentó torpemente apartarse del agua fría también fue muy graciosa. Aquel muchacho iba a aprender la lección a base de bien: si no sabes beber, no bebas. El agua fría – sabía Damian de sobra – era el mejor remedio para espabilar a uno cuando estaba en el estado de su nuevo ayudante.

Fue curioso ver como el más joven trataba de mostrarse duro y fracasaba estrepitosamente. Cuando le preguntó que qué iba a hacerle, Damian pensó que quizás se había pasado un poco de la raya. Al fin y al cabo el chico comenzaba a espabilarse y veía que estaba en un lugar desconocido con un hombre desconocido y en una situación nada ventajosa. Debía de darle gracias al dios en el que creyera, porque había tenido una suerte inmensa de que fuera el peliazul, y no cualquier otro, quien lo hubiese sacado de aquel callejón. Si no sí que iba a estar en problemas.

-Primero: me la pela quien seas. Ahora no eres más que un mocoso empapado y temblando en mi ducha.- argumentó sin piedad o tacto aparente. No obstante cambió la temperatura del agua y comenzó rociarlo ahora con agua caliente. Una vez espabilado, el resto no era más que tortura si seguía con la fría. Tampoco quería tener que cargar con la neumonía de aquel estúpido en el espacio.- Y era totalmente necesario porque estabas poco más que comatoso. No te da cuenta de lo que ha estado a punto de pasarte en ese bar, ¿verdad? Deberías arrodillarte hasta que tu frente tocara el suelo para darme las gracias.

Damian le lanzó al chico la alcachofa y se apartó de la ducha. Buscó debajo del lavabo una toalla limpia – tuvo que olfatear un par hasta dar con una que cumpliera esa condición – y la dejó al alcance del chico. Luego salió del baño rumbo a su habitación, la única del apartamento, y volvió a rebuscar hasta encontrar una camiseta bien amplia de manga corta negra y unos boxers del mismo color. Volvió al baño demasiado rápido para que su invitado pudiera pensar en hacer tonterías – como escapar. Dejó la ropa sobre el inodoro y se cruzó de brazos delante del chico.

-¿Has terminado ya con el baño turco o te dejo un ratito más?-
le preguntó con sorna. Aquello estaba siendo más divertido de lo que en un principio había esperado.

Por primera vez se tomó su tiempo para observar detenidamente al que iba a ser su nuevo aprendiz. Le habían avisado aquella misma mañana de que se lo habían asignado, justo después de que acabaran los plazos de reclamaciones por si el Capitán tenía alguna queja al respecto. Damian había mirado la ficha del chico con desgana: notas sobresalientes en todos los campos, expediente intachable, buena familia… ¿Quién odiaría al pobre diablo para habérselo asignado precisamente a él? El capitán Giacometti tenía el record indiscutible en cuanto a la escasa duración de sus ayudantes y aprendices. Y éste, aunque pareciera tener buen tono muscular y físico, no parecía lo suficientemente duro mentalmente como para soportar la vida en su nave. Esos ojitos azules de cachorro que se entreveían entre los negros cabellos de su flequillo no tardarían en suplicarle por volver a Eden.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Lun Ene 02, 2017 10:57 am

Fue a replicar algo, pero supo que, de hacerlo, solo se vería más patético frente a aquel tipo que se había divertido con y de él a su propia costa. Además, que lo que le dijo a continuación tenía su dosis de verdad, mirando avergonzado a un lado. La respuesta a su retórica pregunta estaba más que clara. No sabía lo que había estado apunto de pasar con él aquella noche ni sabía dónde diantres se había metido a beber en realidad.

Cogió la alcachofa cuando se la tiró, manteniéndola contra su pecho ahora que salía caliente. La humedad de la ropa mojada pegada a su cuerpo de pies a cabeza penetraba en su cuerpo, por lo que se quitó su sudadera y la dejó caer a la ducha. Con el agua caliente el tono empezó a volver poco a poco a su cuerpo, o al menos en las manos y, una vez aquel tipo se le quedó mirando tras traerle algo de ropa. Pero aquel tono rojizo era muy distinto al de sus manos. Rasgó la mirada, cerrando el grifo y permaneciendo en el interior de la ducha. De pie y calado. Chorreando. Daba bastante lastima su estado, y aún así mantenía su dignidad aún tras haberla perdido toda frente a ese completo desconocido. Todo por orgullo y amor propio.

-¿Vas a ver cómo me seco y cambio? Si esperas que te de las gracias; "gracias", pero no te hagas ideas raras. Así que, si no te importa... -su tono era el de alguien borde y desconsiderado tras haberle ayudado como lo había hecho el peliazul. Bien o mal, mejor o peor, en definitiva le había evitado una de sus peores noches de su vida. Y así se lo pagaba: con su actitud borde y distante pese a todo ahora que estaba más despejado (aunque no recuperado).

Tomó la toalla y empezó a secarse el cabello, echándosela a la cabeza y frotar unos segundos para quitar parte de la humedad de éste. Después la dejó de nuevo en su sitio y se quitó la pegada camiseta base, tirándola al suelo de la dicho junto a su chaqueta. Estaba calada. En aquel momento y hasta que se cubrió los hombros con la toalla, se pudo observar un torso fuerte y ejercitado. No era un delgaducho como podía aprentar en un primer vistazo. Se sacó las zapatillas, todo sin salir de la ducha, y después los pantalones, quedándose con los bóxer blancos y la toalla sobre sus hombros a modo de "poncho". Y calcetines tobilleras. Fue ahí cuando salió, mirando al peliazul. -¿Que clase de pervertido eres? ¡Tsk!

Más seco (en parte) no tiritaba, pero a pesar de querer cambiarse era pudoroso y le gustaba su intimidad. No le importaba en un vestuario público, pero que alguien le observase directamente a él mientras se desnudaba.... Debía de estar enfermo ese tipo. No podía dejar de mirarle con sospechas. ¿Quien en su juicio llevaba el pelo azul por ahí si no es que estaba mal de la cabeza?
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Mar Ene 03, 2017 6:26 am

Damian se había quedado mirando al chico por varias razones. Entre ellas, porque no tenía claro que aguantara todo el proceso de ducharse y desvestirse sin caerse de boca contra la bañera. Y luego por que le daba la gana, básicamente. Era obvio que ponía incómodo al chico, y eso le hacía mucha gracia. Le divertía aquella pequeña tortura que, sin embargo, no dejaba de tener un toque de lección de aprendizaje. Uno necesita el 100% de sus sentidos cuando se enfrenta a lo desconocido y si algo te altera eso, no puedes acercarte a ese algo. Si muestras debilidad estás acabado. Si te dejas atrapar estás acabado. Si no haces lo que te dice tu capitán… Pero claro, el chico aún no sabía que estaba frente a su nuevo jefe. Sólo por eso iba a perdonarle sus malas formas. De momento.

-Es por si te da otra vez por vomitar. O si te desmayas. Alguien tendrá que volver a socorrer a la damisela en apuros, ¿no te parece?

El muchacho comenzó a secarse y desvestirse poco a poco. Parecía infinitamente más espabilado que antes de la ducha fría y empezaba a sacar el que Damian creía era su auténtico carácter: borde como él solo. Esa actitud le iba a prodigar muchas horas fregando los suelos de su nave. Damian soltó una carcajada cuando el chico lo miró de pronto con odio y lo llamó pervertido.

-Tienes suerte de que esté de buen humor, chaval, porque he mandado a gente al hospital por mucho menos que eso. Termina de cambiarte de una puta vez, anda.- dicho aquello se giró y volvió a salir del baño.

Fue hasta su cuarto – donde lo esperaba la enorme cama deshecha y montones de ropa por todas partes y rincones – y vio que el reloj marcaba las cinco de la mañana. Si querían coger el transbordador a tiempo sólo tenían dos o tres horas para dormir… Y pensar aquello le hizo sonreír: el chaval iba a pasar su primera prueba sin saberlo. Programó su reloj de pulsera para que le vibrara en dos horas y luego el despertador de la mesilla para que lo hiciera en tres. El transbordador salía a las diez de la mañana, lo que dejaría al chico con dos horas para llegar hasta él sin saber dónde estaba. Damian sabía que divertirle tanto aquella idea no era sano, pero le daba igual.

Sin más preámbulos se lanzó a la cama tal cual iba. No esperó a que el muchacho saliera de la ducha y decidiera dónde quería dormir o si quería huir de allí: él simplemente comenzó a roncar como un oso hibernando. Buenas noches…
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Mar Ene 03, 2017 4:01 pm

Apretó los labios por sus palabras, antojándoselas las de un creído y chulo. ¿Por qué creerle? El mismo podía haber dado una paliza a los tipos de antes, de no haber estado con un pedal tan grande que lo iba a dejar comatoso, pero seguro. Estaba entrenado. (Y se lo tenía bien creida su superioridad.)

Terminó de secarse una vez solo en el baño, cambiándose y poniéndose la camiseta y el bóxer. Mejor que ir con uno mojado o sin ellos, ya era, aunque la idea de llevar la ropa interior de otro le daba cierto pudor. Entre dos malas situaciones, analizándolo detenidamente, mejor llevar que ir sin nada.

Allí, en el baño, se demoró un tiempo, y aquel tipo no volvía. Su cara y todo él daba lastima. Estaba para el arrastre y tenía que acudir en unas horas en Kosmos para presentarse a su Capitan y partir a algún punto de la galaxia. Ni sabía dónde estaba. ¿Como iba a llegar? -Si le pregunto tal vez me responda...-susurró, saliendo del baño y encontrarse ante un oscuro pasillo estrecho que daba hacia una puerta (que supuso que sería la de la entrada, pues no recordaba muy bien por donde había entrado) y al otro lado había otras tantas. -........ -guiándose por la pared, dio al interruptor y siguió hasta llegar a la puerta del dormitorio de aquel peculiar tipo. Apoyado en el marco, le echó un vistazo. Se había dejado La Luz de la mesilla encendida y se le veía ahí tirado, con el ombligo al aire y los brazos extendidos roncando la mona.

-¡Tsk! Y este me ha ayudado...-murmuró con su orgullo lastimado, pasándose una mano por el rostro. Le pesaban los ojos. Estaba cansado. -Creo.... que dormiré un poco y me iré a casa, si... -Añadió bajo, sentándose ahí mismo. En el suelo del pasillo, recostando su espalda en la esquina entre la pared y marco de la puerta de la habitación de aquel desconocido. Dio por hecho que se despertaría antes, así como que solo descansaría un par de horas. No mucho. Lo justo. Se puso la alarma del móvil, el cual, una vez cerró los ojos se le resvaló de las manos al suelo. A su lado.

(......)

Al despertar, y no por la alarma, sino por un dolor de cuello y espalda horrible, miró la hora por mera curiosidad. Eran las 9. Su cerebro se despertó de golpe. Tenía una hora para llegar como fuera a la estación de Kosmos. Se puso en pie y fue hacia la puerta que daba a la salida, deteniéndose al ver que no llevaba ninpantalones ni calzado, y al comprobar que su ropa seguía calada en el baño, se cogio lo primero que vio tirado en la salita de aquella casa (que estaba vacía), y salió a todo correr de allí. (Con unos vaqueros holgados para él, unas botas una talla de más y la camiseta negra prestada la otra noche. Todo de prestado y sin su ropa oficial de cabo de la academia.)

Esperaba que no, pero sospechaba que llegaría tarde o muy justo de tiempo en uno de los días más importantes de su carrera. Aunque odiase el destino alnque le habían asignado.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Ene 14, 2017 1:41 pm

El Capitán Damian Giacometti esperaba en lo alto de la rampa de embarque. El transbordador, una enorme nave de aspecto rudimentario pero robusto, estaba listo para partir con su cargamento de provisiones, armamento, material técnico y personal de todo tipo hacia Kosmov. Los encargados de la nave estaban terminando de pasar revista al cargamento, apuntando todo cuanto llevaban y controlando que nada quedaba olvidado. Ni nadie…

-No podemos esperar mucho más, Capitán.- le dijo uno de los encargados, un tipo que parecía bastante asustado por la presencia del peliazul. El hombrecillo casi estaba temblando por atreverse a contrarias a Blue Tiger, lo cual sorprendía a éste porque no había hecho nada para intimidarlo… aún. Su fama, como otras tantas veces, le precedía.- Tenemos una agenda que cumplir…

-Vuelve a comprobar la lista de pasajeros y entretente.- ordenó Damian sin mirarlo si quiera. Estaba imponente con su uniforme completo de capitán: inspiraba gallardía, respeto y algo de miedo. Sobre todo con aquella pose de brazos cruzados y pies separados y firmes, encarando la rampa de embarque y oteando el horizonte en busca de aquel proyecto de ayudante que se había dejado acurrucado en el suelo de su pasillo.

-Ya lo he hecho tres veces Capitán, y el único que falta es el piloto en prácticas Drusco Levi, señor…

-Pues vuélvelo a revisar.

El hombre se acobardó ante la brusquedad del tono del peliazul y se alejó con el rabo entre las piernas. Pero Damian sabía que acudiría a su superior y antes o después el capitán de aquella nave haría valer su posición y no habría nada que él pudiera hacer al respecto. El capitán de cada nave era el amo y señor de la misma, y hasta él respetaba eso. Empezó a asumir que el muchacho no iba a llegar. Sacó del bolsillo de su gabardina una pitillera y extrajo un cigarrillo, se lo encendió sin prisas y decidió que ese era el tiempo que tenía su “ayudante” para llegar.

Sentía cierta lástima – aunque nunca lo admitiría en voz alta – por la idea de que el chico desperdiciara así aquella oportunidad, pues no se repetiría. Si perdía aquel transbordador ni su magnífico expediente en la Academia le facilitaría otro. Podría intentarlo de nuevo al año siguiente, pero su expediente quedaría manchado. Pero claro, quizás era mejor así. No veía capaz a ese chico de aguantar su nivel e iba a tener que volver a Eden de todos modos cuando lo echara de su lado… Se ahorraría ese mal trago, o incluso una fría muerte en el espacio sideral.

Los últimos restos de ceniza ardiente se desprendieron de su cigarrillo y Damian expulsó la última bocanada de humo blanco. Lanzó la colilla lejos de él y se dio media vuelta en busca de su amigo el encargado.

-En marcha.

No dejaba de ser algo decepcionante.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Dom Ene 15, 2017 11:20 am

No tenía ni idea de donde se encontraba cuando salió a la calle. Sin embargo, eso no era problema alguno. No gracias a su teléfono y la red wifi que le ayudó a localizar su posición en el amplio y complejo mapa de Edén. Y aún sin haber tenido su teléfono, hubiera optado por seguir la lejana figura de las altas torres del centro de la cuidad que tan distantes se encontraban desde donde él se encontraba. Tan acostumbrado a verlas de más de cerca.... ahora no tenía que alzar el rostro para contemplarlas en la distancia.

-Tengo que llegar.... vamos....- se decía entre agitadas respiraciones mientras corría sin descanso, siguiendo las indicaciones del navegador del teléfono y punto de referencia de las torres. Debía de haber una distancia de unos 14 km desde donde apareció a donde tenía que ir, y no solo le preocupaba eso, sino el tiempo que iba a tardar en pasar los controles, y más aún cuando no iba con su ropa oficial ni acreditación encima. Aún así iba a intentarlo. No le gustaba el destino al que le habían asignado, pero no estaba dentro de su recta personalidad rechistar como un mocoso quejica. Demostraría a quienes le designaron allí que valía. Haría que se tragasen sus palabras y lamentaran no haberle designado el puesto que solicitó. (Era un mocoso mimado en cierto aspecto al pensar de aquella forma. Uno engreído.

Así puesta, a pesar de llegar fatigado, sudando y sin aliento para hablar, fue a cruzar las puertas de Kosmov.

-Eh, ¿que crees que estás haciendo? Vete a tu casa, chaval.

-Tengo que entrar. Soy uno de los nuevos cabos que....

-Si, bueno, y yo estoy aquí para dejar pasar a todo quisqui como tú. -Ironizó el guarda, lo que molestó a Drusco. No la respuesta, sino su tono.

-No puedo perder el tiempo contigo. -Dicho eso, con una finta pasó al guardia, cruzó las puertas y, tras el sobreaviso del guardia al resto de seguridad, Drusco fue evadiendo y saltándose a los guardias y las barreras hasta entrar en el hangar a todo correr. Allí solo quedaban apenas unas naves, pero solo una estaba sin ser atendida por equipos técnicos, así que siguió hacia aquella ultima nave que, en su rampa de acceso, se veía subir a una persona.

¡Iban a partir ya!

"¡Haz algo!" Pasó por su cabeza como una orden.

-¡ESPERAAA! -gritó a la desesperada en la distancia, corriendo sin parar con casi una decena de guardias tras él y gritando alguno a aquel sujeto de azulado cabello que lo detuviese y que no le dejase subir en la nave. Pero no hizo falta que aquel tipo hiciera nada para detenerlo, pues a los pies de la rampa, Drusco se detuvo al enfocar y ver más de cerca quién era ese tipo. -¡Tú! -soltó con sorpresa y fastidio.

Un guardia tomó al chico del hombro y le giró con un brusco empujón, poniéndole primero uno y luego otro brazo a la espalda. -Vas a ir a la comisaría por colarte en una propiedad militar del gobierno, chaval.

-Suéltame, tengo autorización para estar aquí. -se removió, maosteniendole la mirada al peliazul con unos ojos cargados de rabia y orgullo por tardar en intervenir. -¡Díselo tú!

¿Acaso sería capaz de dejarle allí.....?
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Jue Ene 19, 2017 2:08 pm

El desesperado grito rompió el aire y alcanzó al capitán como una certera flecha. El peliazul se giró a tiempo para ver a un muy desesperado muchacho correr a todo lo que daban sus piernas por la pista. Una jauría de guardias lo perseguía a escasos metros, y terminaron por darle alcance cuando el chico, estupefacto, se detuvo en la base de la rampa y lo reconoció. En otras circunstancias Damian se habría reído de la contrariedad del rostro del joven Levi. Desde luego no parecía haberle hecho gracia descubrirle allí, y menos vestido de uniforme. Pero pocas quejas pudo dar en esos momentos, cuando sus manos estaban siendo esposadas y, desesperado, veía escapar la oportunidad de su vida.

“Díselo tú”
. El tono de su voz era tan imperativo como desesperado. En su faceta más fría y seria, Damian observó los ojos azules del muchacho, tan llenos de determinación… Había en él algo salvaje, algo que posiblemente ocultaba la mayoría del tiempo. Debía interpretar la faceta del buen chico de buena familia 24/7, pero en aquel momento era todo instintos y deseos. Un fuego abrasador creía tras sus pupilas… Y era hasta irónico lo poco que le iba a servir para nada. Drusco Levi, pues al fin recordaba su nombre, podía desear embarcar con todo su ser, pero ya no estaba en su mano conseguirlo. Su destino, en cambio, estaba ahora en manos del capitán Damian Giacometti.

-…- el silencio se alargaba. Los guardias miraban al peliazul, esperando una confirmación para llevarse al joven o soltarlo. El aspecto de Drusco era patético: mal vestido, con el pelo desordenado, sudado y jadeante. Daba incluso más pena que vomitando en el callejón la noche anterior… Y al mismo tiempo su desesperación le recordaba a Damian a otro chico que una vez fue igual de patético y estuvo igual de desesperado.- Soltadlo, dice la verdad. Es Drusco Levi, el pasajero que faltaba.

-Su identificación…- comenzó el técnico de antes, pero Damian lo acalló con un gesto. Dudaba que Drusco llevara su ID encima, porque la noche anterior no lo tenía encima. Por no llevar, no iba a llevar al espacio ni una muda de ropa limpia. El capitán aseguró hacerse cargo de la situación y las posibles consecuencias y dio por terminada la conversación internándose en la nave.

Soltaron al muchacho. El técnico lo miró con obvio desagrado cuando pasó junto a él, pero tachó su nombre de la lista. Dio la orden y la rampa comenzó a elevarse. Nuevas órdenes se esparcieron por el interior del transbordador: se preparaban para despegar. ¿Destino? La base espacial de Kosmov. Damian no se giró para comprobar si Drusco lo seguía porque sabía que lo hacía. Y no fue hasta que estuvieron solos en uno de los pasillos de la nave que se volvió hacia él y lo encaró. En un primer momento lo miró de una forma que helaba la sangre; vestido con su uniforme el capitán podía parecer tan aterrador como peligroso, sobre todo cuando te miraba como si fuera a arrancarte las tripas a zarpazos. Blue Tiger… Mas unos segundos después relajó el rostro y soltó una sonora carcajada. Rio tanto que tuvo que sostenerse el estómago con una de sus manos enguantadas y el rostro con la otra. Largos segundos después, cuando al fin pudo mirar al chico a la cara, tenía pequeñas lágrimas en los ojos.

-Tenías que haberte visto la cara, era para enmarcarla.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Vie Ene 20, 2017 8:26 pm

Miraba con intensidad al que iba a ser por desgracia y coincidencias de la vida su capitán. No se arrepentía en aquel momento de la imagen o impresión que hubiera podido dar la pasada noche, así como tampoco se lamentaba de lo que le hubiera podido decir. Realmente, no se lamentaba de nada de aquello, pero sí que lo haría si veía que por su omisiva reacción permanecía en tierra. La idea de quedarse un año allí, siendo el hazmerreír de los de su promoción y de aquellas que le seguirían al siguiente año, resultaba humillante. ¿Para qué entonces esos duros años de trabajo, sudor y esfuerzo? ¿Para qué?

“Soltadlo….” Nada más oírlo salir de sus labios se removió con brusquedad para que el condenado guardia dejase de sostenerlo como lo hacía y, en segundo lugar, para que lo liberase de las esposas. Aunque tuvo la vaga intención de incumplir de algún modo la orden de un superior, el guarda no le quedó otra que soltarle, mirándole con recelo y, seguramente pensando para sus adentros; “la próxima vez no tendrás tanta suerte”.

Drusco, una vez liberado, subió la rampa tras el peliazul. No le pasó desapercibida la mirada de desagrado al entrar y pasar por su lado. La verdad es que estaba bastante acostumbrado a que así le mirasen todos, tanto directa como indirectamente. Era su pan de cada día. ¿Por qué? No lo tenía claro. No siempre.

En el interior de la nave todos se pusieron en marcha. Se escuchaban las órdenes de iniciación y comprobación reglamentaria previa al despegue de la aeronave, así como se veía a los últimos pasajeros de la tripulación de aquel peculiar peliazul que andaban en pie tomar asiento para el viaje a la base espacial de Kosmov. Y Drusco, entre todo aquella gente y ya embarcado en el principio de su aventura, seguía al Capitán al no tener muy claro que hacer, si le debía decir algo, se presentaría (mejor que la pasada noche) o qué. Él le siguió, parándose en seco cuando se giró y le atravesó con aquella mirada de hielo y fuego. Resultó tan penetrante e inquietante que sin quererlo se vio tragando saliva forzadamente pese a sostenerle la mirada a la defensiva. -¿. . . . . ? –Su rostro tornó de serio y expectantemente acongojado a desconcierto, pues no entendía a qué aquella reacción tan inesperada y espontánea. Hasta que lo entendió todo. Ahí su ceño se frunció hasta el punto de tener un ligero temblor en una de sus cejas al contenerse uno de sus comentarios mordaces. Solo había que ver como apretaba los dientes y lo tenso que se veían sus hombros. -¿Te hace gracias? Casi pierdo el transbordador por tu culpa. Me has quitado el despertador, y ni me has avisado de que te largabas. –Le culpó, sin alzar la voz, pues no quería llamar la atención después de aquel numerito que más de uno habría visto por las ventanillas. Tampoco era de los que gritaban a los cuatro vientos las cosas ni le era de su agrado ser el centro de atención. -¿Lo sabías? ¿Sabías desde anoche que eras mi capitán? –le preguntó serio, molesto por aquella actitud del contrario y a partir en adelante superior. Se sentía ridiculizado por la forma en que se había burlado de él riéndose nada menos que en su cara. Y de su cara.

“Que tipo más odioso…”
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Ene 28, 2017 12:23 pm

Damian tardó un buen rato en dejar de reír, sobre todo porque ver cómo eso sacaba de quicio a su nuevo ayudante echaba más leña al fuego. El chico estaba realmente furioso, mucho más que avergonzado, y era obvio que luchaba consigo mismo para no alzar la voz y perder los nervios. “Bien” pensó el capitán, “es bueno que tengas capacidad de frustración, chaval”. Pero aún había otras lecciones que debía aprender, y una de ellas era que, aún sin gritar, no podía hablarle en ese tono a su superior.

El peliazul agarró la solapa de la camiseta de Drusco - su camiseta – y lo empujó duramente contra la pared más cercana. El muchacho rebotó con un ruido metálico y se encontró con su cara a escasos centímetros cuando se recuperó del shock inicial. Damian seguía sonriendo, pero de una forma ciertamente escalofriante.

-Mira chaval, vamos a dejarlo claro desde el principio: no soy tu puñetera niñera.- le susurró muy, muy cerca, sin perder el contacto visual.- No culpes a otros de tus propios fallos, porque eso no te llevará a ningún lado. Aunque nuestros caminos no se hubieran cruzado ayer tú no estarías aquí hoy. Es más, puede que estuvieras tirado y apaleado en cualquier rincón, y muy probablemente con un bonito recuerdo con forma de dolor de culo. Tú, y sólo tú, fuiste el responsable por irte de borrachera el día antes de embarcar. Si no toleras el alcohol, no bebas.- finalmente lo soltó y retrocedió. Suspiró teatralmente y se quitó el sombrero militar, mesándose el pelo después. Las escasas horas de sueño lo tenían tan cansado que su escasa paciencia estaba incluso bajo mínimos.- Yo soy Damian Giacometti, capitán del Pandora, piloto del EVA01. Y sí, soy tu oficial al mando. Trágate el disgusto, asúmelo y quiero verte dentro de una hora en el puente de mando de este transbordador con tu uniforme y presentable. Ahora largo.

Aquella postura de superior cabreado divertía mucho en realidad al peliazul. Generalmente daba una imagen de serio y frío, hasta borde y cruel, a sus subalternos… pero en el fondo sólo jugaba con ellos. Le encantaba ver a esas ratas cobardes correteando asustadas a su alrededor. Cual gato, Damian se divertía jugando con ellas un rato y luego se las comía: no solían tardar mucho en volver a Eden. No quería inútiles en su nave. Y mostrarse de aquella manera era la forma más rápida de hacer la criba.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Dom Ene 29, 2017 6:43 pm

Viéndole reír se preguntaba si no habría sido mejor quedarse en tierra y que le asignasen alguna otra nave el año proximo. ¿En serio iba a tener a este tipo de Capitan? Drusco no se creía capaz de aguantar aquel comportamiento. ¡Se estaba riendo de él en su cara! Había golpeado a gente por ello. Compañeros de equipo incluido.

Se había ganado su apodo a pulso.

"Karasu" "Cuervo" Daba igual cuál fuera el idioma en que se lo llamasen.

Cuando chocó su espalda contra una superficie metálica, al abrir los ojos y cruzar la mirada con la azul hielo del mayor, comprendió que aquella presión en su pecho había sido del agarre y empujón que le había propinado. ¿Cómo? ¿Cuando? No sabía bien. No había llegado a verlo, pero ahora prestaba suma atención a su superior. Y lejos de estar asustado, su actitud se encontraba dentro de los márgenes de sumisión. Sin embargo su mirada era aún retadora. En el fondo, muy al fondo de sus ojos, la llama de la juventud seguía en pie.  

-Si, señor -respondió con el saludo militar, recto y con un semblante inexpresivos. Tan pronto lo hizo, se giró, yendo hacia el fondo de la nave donde seguro que encontraba algún traje que ponerse. Ahora que lo pensaba, se había presentado allí con la ropa que le pertenecía al Capitan. A ese idiota...

Cada pisada que daba producía un hueco sonido metálico. Abrió una puerta al pulsar un botón y dio con el minúsculo cambiador mixto de la nave. Era un transbordador no muy grande. No perdían espacio dividiendo por sexos los vestuarios y servicios.

-Vaya vaya, carne fresca. -Un tipo de Dos metros de alto, de piel escamosa y dorada, le miraba con sus reptiles ojos y un semblante rígido como la roca. Drusco entró, cerrándose la puerta a su paso. No respondió, ni miró a aquel gigante que lo seguía con la mirada descaradamente. Sin ocultar su curiosidad. Sin analizarlo. -El anterior no aguanto ni un mes, aunque para lo que aguantáis aquí es mucho. Jumjum... -sonrió apenas. Drusco ojeaba ropa de su talla en la de recambio. -El anterior a él explotó. Y el anterior cayó en su primera misión al poco de salir de la seguridad de la nave. Ese me caía bien. -Confesó reflexivo. -Deberías quedarte en Kosmov una vez lleguemos. No nos hagas perder el tiempo. Menos a "Jaguar", chico. -dijo cerrándole la puerta de donde andaba rebuscando uniformes de su talla, lo que hizo que Drusco le mirase. Aquellas cosas le irritaban, y ya estaba molesto por la risa en su cara por parte de su Capitan como para que ahora este le tocase la moral.

-Pienso seguir aquí hasta terminar el tiempo por el que he sido designado. Y ahora, si me permites...

-Mira, no te conozco, pero no me gustas. Por muchas razones. Pero la primera es tu actitud. Y solo es la primera de una gran lista, te lo aseguro. No pintas nada aquí. Ninguno de los que venís. Se listo y márchate.

-No. -Respondió escuetamente.

-Tsk, como muera alguien por tu culpa. Te matare yo mismo. Quedas advertido -se apartó de su lado y salió de allí para reunirse con sus compañeros. Era El Segundo al mando en ausencia del Capitan. Un hombre fiel como un perro. Confiaría en el peliazul aunque éste le vendiese a los esclavistas. Le debía la vida.

Solo, suspiró. En la academia todo era distinto. La gente se alejaba de él y lo miraban en la distancia. Aquí le decían sus pensamientos e impresiones de cara. Al abrir de nuevo el armario encontró ropa de su talla, sosteniéndola unos segundos al recordar lo sucedido con los anteriores. "¿Qué tenían ellos de diferente a mi? Siendo enviado aquí, ninguna." Pensó.

Por un momento se planteó si dejarlo. Estaba a tiempo.

"No. Tengo que demostrarle lo que soy capaz."

Al de poco más de media hora llegó al puente de mando. Con su uniforme. Uno sencillo. Sin galones ni símbolos que representasen ningún alto cargo. Ahora se veía más presentable, y el traje le daba una apariencia más sería que la urbana un par de tallas más grandes con las que se le había presentado. -Presente, Capitán.

Saludó nuevamente a lo militar, recto. De reojo vio al tipo del vestuario por allí. Se mantuvo así hasta que le respondiera o entendiera que podía relajarse.

Aquello no parecía ir demasiado con la gente que veía a su alrededor. No se les veía muy atentos a los saludos oficiales y de respeto a los superiores. La sensación que le daba al moreno era de.... Estar rodeado de piratas. Profesionales, entrenados y formados. Obedientes y respetando los rangos sin más florituras que las necesarias.

En el fondo, de frente, se veía la estación de Kosmov. Enorme. Expectante. Ahí montarían a bordo del Pandora.


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