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Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

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Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Dic 31, 2016 7:36 am

Era una buena noche: cielos despejados, buena temperatura, gente a rabiar por las calles… Sin duda prometía. O eso parecía pensar Damian Giacometti cuando se engalanó con sus ropas más roqueras y salió de bares para disfrutar de la que sería su última noche en la superficie en bastante tiempo. Claro que no todo iba a hacer ocio y jolgorio, tenía una cita importante de madrugada… Pero nadie le impedía disfrutar antes y después.

Pasó las primeras horas de la noche de bar en bar, alternando vasos de whisky seco con rayas de coca. Esta peligrosa actitud no parecía preocupar para nada a Blue Jaguar, que era de la opinión de que cuando estaba en Eden había que disfrutar de los placeres del Paraíso. Lo cierto es que la tolerancia a ambas sustancias de Damian era considerablemente alta, y salvo las pupilas dilatadas, la risa estridente y las ganas de liarla, no parecían afectarle. Sin embargo tuvo que empezar a bajar el ritmo a partir de la una de la madrugada, pues no podía estar demasiado “tocado” durante su reunión. Damian se despidió con una sonora palmada en el culo del muchachito que había estado entreteniéndole en el último bar – y que lo miró claramente decepcionado – y salió a la calle. Sus pasos le fueron guiando por zonas cada vez menos concurridas y cada vez con peor aspecto. Eran casi las tres de la mañana cuando entró en un tugurio – a eso no se le podía llamar ni bar – cuyas viejas y parpadeantes letras de neón denominaban La Puerta de Atrás. Allí lo recibió una música fuerte y estridente, electrónica y odiosa, que no pegaba nada con el ambiente de bar cutre de carretera. Con todo, el local estaba bastante lleno de todo tipo de carroña social, incluso podían verse un par de extraterrestres ilegales que habían decidido dejar su máscara atrás a aquellas horas de la noche y en aquel lugar donde a nadie le importaba una mierda de que puto planeta vinieras.

Damian localizó a su objetivo en una discreta mesa al fondo. Éste también lo vio y lo saludó con la mano. Con su mejor sonrisa de amigo de toda la vida, Damian se inmiscuyó entre la marea de mesas y sillas abarrotadas del bar. Tuvo que darle un toque en el hombro a un tipo que estaba sentado junto a otros tres en la mesa de al lado para que se moviera y lo dejara pasar. El tipo en cuestión – escoria y poco más – se giró para increparlo pero se lo pensó muy mucho al ver la envergadura del peliazul y movió amablemente su silla para dejarle paso. Los otros tres tipos ni lo miraron, pero Damian se dio cuenta de que uno era considerablemente más joven y no parecía pintar nada entre ellos. De hecho, pensó el peliazul, seguramente la mesa era de aquel crío y los otros se le habían acoplado con intenciones desconocidas pero del todo desagradables. No es que a Damian le importara – ni lo más mínimo – pero mientras le estrechaba la mano a contacto y se sentaba junto a él no pudo evitar pensar que conocía a ese chico de algo…

Durante los siguientes quince minutos Damian y su “cita” estuvieron hablando de sus negocios. El otro hombre era un conocido pirata espacial que traficaba, generalmente, con drogas y obras de arte, y que esporádicamente hacía su agosto con la trata de blancas – con especialidad en esos chiquillos con orejas y cola de animalito que a Blue Jaguar daban tanta grima. Hacía años que no se veían y tenían que ponerse al día… Y Damian necesitaba saber si éste tipo había oído hablar de su antiguo capitán. Cuando la respuesta fue no, el humor del peliazul se vino abajo. Le insistió al tipo, tenía mucho interés en reencontrarse con él…

-Lo último que supe es que se metió en algo realmente gordo hace casi diez años.- le dijo el tipo, medio gritando porque con el jaleo de la mesa de al lado a duras penas podían entenderse ni estando sentados a veinte centímetros el uno del otro.- Unos dicen que escapó a las colonias exteriores de la galaxia, otros que está muerto y flotando por el espacio con los restos de su nave de mierda… A saber.

-Vamos chaval, afloja la pasta. Encima que hemos estado entreteniéndote de gratis toda la noche…- Damian empezaba a confundir las palabras de su interlocutor con las de los tipejos de al lado, y una vena peligrosa comenzaba a palpitarle en la sien.- Paga la cuenta y vamos a divertirnos a otro sitio.

-Ahora que lo pienso oí algo sobre él hace un par de años…

-No te hagas el difícil, lo pasaremos bien…

-… creo que le vieron en La-…

-Vamos chico, si es tu última noche en la superficie hay que hacerla inolvidable…

-Se acabó.

No hubo intercambio de palabras ni advertencias. Damian se levantó de su silla, agarró del hombro al primer tipo que pilló – que resultó tenía uno de sus brazos por encima de los hombros del chaval y la otra mano sobre la parte alta de uno de sus muslos – y le arreó tal puñetazo en la cara que lo tiró de la silla, provocó que se volcara la mesa, los otros tipos se levantaran de un salto con los huevos por corbata y todo el garito los mirara.

-¡Cerrad la puta boca ya, me tenéis hasta los huevos! ¡Largo de aquí, joder!
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Sáb Dic 31, 2016 9:59 am

Llevaba desde las primeras horas de la tarde yendo de un bar a otro. Solo. Se bebía una cerveza durante una hora, y se largaba con su cara de malos amigos y enojado como pocas veces antes. ¿Y por qué? La respuesta la llevaba en su bolsillo del pantalón. Arrugada y más bien apelotonada.

Le habían asignado ya un destino tras finalizar la instrucción en la Academia, y como destinos preferentes, había marcado las naves más importantes y famosas de la armada. Siendo el mejor de su promoción, reconocido así por la propia Academia y odiado por ello por sus compañeros (aunque había muchos más motivos que el mero hecho de ser el primero o mejor que el resto), suponía y daba por hecho, que cumplirían con sus preferencias. Se había esforzado durante años para conseguirlo, pues su sueño era llegar a ser alguien importante en aquel mundo. Alguien que ni sus padres pudieran quedar libres de tratarlo con el respeto y modales que le correspondería a un Capitan o almirante. Pero no. Le habían designado a una nave que apenas llegaba a la veintena de hombres. Una nave pequeña y de la que nunca había oído hablar antes en su vida mientras que inútiles como Korl Doj había ido a parar ni más ni menos que a la nave de sus sueños: la S-201. Bajo el mando y como ayudante del Capitan Gilan Blerionce.

No sabía si lo que más le jodía y carcomía por dentro era que le hubieran destinado donde le habían destinado o que aquel inútil al que sacaba mucha más ventaja en todos los aspectos le destinasen ahí en vez de a él. ¡Y después de haberlo sugeridoy solicitado! Sin embargo, y claro está, si Drusco estaba ahora donde estaba: borracho, más alicaído por el alcohol y poco, muy poco inestable, era por lo que el rectorado de la Academia (grandes ex-tripulantes de todas las ramas y ámbitos militares) le había dicho ante su queja por el destino atribuido. "Entre tus compañeros te llaman cuervo, y tu fama entre ellos será la misma que la que tendrás entre tus nuevos compañeros. Así que aprender de la vida, y a valorar a los demás. Está bien cumplir una misión, pero no a costa de la muerte de camaradas cuando se puede evitar. Ahora, retírese....."

Y así, entre uno y otro bar, acabó no muy conscientemente en aquel garito. Y así, de igual modo, sin saber cómo, de encontrarse solo, acabó sentado junto con tres tipos más que empezaron a beber junto a él y a hacerle beber de más (aunque lo era poco lo que llevaba encima ya para lo que era él, que apenas bebía).

Estaba tan poco consciente de lo que pasaba a su alrededor que solo entendía a medias, negándo con la cabeza incapaz de decir ninguna palabra por la pastosidad que sentía en su boca y su actual incapacidad para articulas una frase medianamente decente. Por lo que negaba, con las manos agarradas a su jarra de cerveza. (Ni sabía cuando había empezado a beber de la jarra en vez de un botellín.)

No estaba enterándose de lo que querían que hiciera con ellos, negando cabizbajo pese a no saber ni qué le decían. La mano sobre su muslo ni la sentía, o más bien, sabía que estaba ahí pero le daba igual. ¡A el! Que no le hacía ni pizca de gracia el contacto físico, y mucho menos de aquel tipo de gentuza. Pero el alcohol le cambiaba. Como a todos. (¿O como a casi todos?).

Cuando la mesa volcó y él se quedó ahí sentado, con la jarra de cerveza en sus manos al verla pegado contra su pecho en algún instintivo movimiento reflejo. Los otros tres tipos se pusieron en pie como un resorte mirando a aquel tipo que a ojos de la borrosa mirada del moreno se veía enorme. Drusco dio un sorbo más a su cerveza, teniendo los pantalones mojados por la rodilla y la camiseta por los bajos de este líquido dorado a causa del movimiento con el que puso a salvo la bebida. Aún por la mitad.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Dic 31, 2016 10:25 am

Los acontecimientos se sucedieron uno tras otro con inevitable velocidad. Los amigos del tipejo que había golpeado se levantaron con brusquedad y lo encararon, al tiempo que su amigo se agarraba la mandíbula, escupía algo de sangre y lo miraba como si quisiera deshacer a Damian en miles de fragmentos muy, muy pequeñitos. Quizás por su superioridad numérica – o quizás por el alcohol en sus venas que los envalentonaba – los tipos lo increparon. Para cuando el tercero se puso en pie, el contacto de Damian se había escabullido y el bar comenzaba a animarse demás. Damian maldijo para sus adentros por su falta de autocontrol; obviamente el traficante no iba a quedarse en el sitio si se montaba jaleo. Esa rata se había escabullido sin decirle dónde se suponía que habían visto por última vez a su excapitán, así que la conversación no había servido para nada y seguía igual de perdido que antes de entrar al bar. Pero ahora estaba considerablemente más cabreado y con ganas de desquitarse con el primer desgraciado que se le cruzara.

Intercambiadas las frases de amenaza de rigor – donde se mentaron las madres de todos y en muy malos términos – Damian se dispuso a aclararlo todo con los puños, pero el dueño del bar llegó antes de que tuviera tiempo de empezar. El hombre no fue violento, ni siquiera gritó, sólo le susurró una frase al oído y Damian, mosqueado, chasqueó la lengua e invitó “amablemente” a los otros tres a aclarar sus diferencias en la calle. “No quisiera tener que dar parte de ningún destrozo a su nombre, Capitán Giacometti”. Tener el pelo de un color tan llamativo a veces era una soberana putada.

Una vez en la calle, solos los cuatro, ya nadie se acordaba de aquel chico que, sin quererlo, había provocado todo aquello. Al recordar que se había olvidado de él, Damian volvió a tener la impresión de que su cara le sonaba. Y mientras le partía los dientes a aquellos tipejos inútiles – que pronto entendieron que la superioridad numérica de nada servía contra alguien como Damian – siguió pensando sobre eso. ¿De qué podía sonarle a él? No era ningún miembro de su nave – de eso estaba casi seguro –… ¿quizás se lo había tirado alguna vez y por eso le sonaba? Hmm, algo le decía que no… Bueno, ¿qué más daba?

-Y para la próxima a ver si tenéis algo más de educación y dejáis hablar a los demás, hijos de puta.- sentenció el peliazul cuando los tres tipos estuvieron gimiendo en el suelo. Escupió a sus pies y dio aquella pelea por terminada. Se limpió la sangre de la comisura de la boca, allí donde le había alcanzado un puñetazo y suspiró.- A la mierda mi última noche en la superficie… Vaya manera de aguarme la fiesta.

Tenía que haberse quedado con el chulo del otro bar. Al menos así la noche no habría sido un total desperdicio. Al día siguiente tendría resaca y encima le tocaba conocer a su nuevo ayudante y volar a Kosmov y…

-Ah. De eso me suena.- entendió de golpe. Que pequeño era el universo...
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Sáb Dic 31, 2016 1:37 pm

Todo estaba siendo muy raro aquella noche, aunque el hecho de que Drusco se encontrase borracho era ya extraño. Él, quien siempre respetaba las normas y era visto y considerado una persona no dada al alcohol, las drogas, elmtabaco, el juego ni los placeres mundanos de la vida de cualquier tipo.

De un momento a otro se quedó nuevamente solo. Sentado en la silla que quedaba en pie, sin nada más que su jarra de cerveza. El alboroto que se había montado a su alrededor había desaparecido tan pronto como se formó, calmándose de nuevo el gentío del local. Y él allí. Como si fuera un mueble más. Sentado en medio de ningún sitio sin mesa ni compañeros ni gente cerca suyo. Miró la cerveza y con su cara larga y mirada perdida, se levantó al segundo intento y dejó la jarra en la barra.

-Eh, tú, no te escaquees. Las bebidas de tus amigos no se pagan solas. -Le dijo el hombre del garito sin mucha gracia, tomándole del hombro. Y menos más que lo hacía, porque mantenerse en pie sin moverse era como encontrarse en un barco en medio de una tormenta. Estaba tan mareado que su caminar e inestabilidad eran pésimas.

-Nn...nuo tengo más dinero.... -dijo. Y no mentía. Pese a ser hijo de quien era, no le daban más que una mensualidad que este mes se había fundido en el equipo, la academia y papeleo administrativo antes de finalizar esta. -Además.... ¡hip! Y-o no me lo he bebrido....

-Hay un pequeño problema aquí -Dijo con una sonrisa que no dejaba ver nada bueno.

Y así fue.

En el mimo momento que aquel peliazul había terminado con los tres lunares que lo acosaban (aunque estaba claro que la pelea no había sido por defender al chico, ni mucho menos), el moreno salía de la puerta de un empujón del dueño del garito. Más bien, fue lanzado a la calle como si fuera un saco de patatas podridas.

-Ni se te ocurra volver por aquí, mocoso. Tsk. Hay que ver.... -el hombre vio al pelo azul en la calle, ya finiquitada la pelea. -Este no merece la pena, Capitan. Es más basura, aunque lo que tengo de clientela no es que pueda catalogarse de otra cosa, JAJAJA... -rió con su grave voz y entró en el local. No vaya a ser que por su ausencia se desmadrase dentro.

Drusco, con inútil torpeza intentaba ponerse en pie, consiguiendo quedar sentado a duras penas en el sucio, nutriendo y húmedo suelo de la calle. Su aspecto era denigrante. Ojos brillantes, rojizos y de mirada perdida por el alcohol, ojeras, una mejilla magullada por un reciente tortazo del dueño y un cabello que oscurecía su rostro. Con una mano se tapaba la boca, respirando por ella algo agitado. Tanto alcohol le estaban dando nauseas, aunque también venía producido por mareo que tenía por la misma causa y el repentino cambio de temperatura tan chocante en su (ahora) inestable organismo.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Dic 31, 2016 2:14 pm

Damian acababa de caer la cuenta de quién era aquel chaval cuando el susodicho fue lanzado a escasos pasos suyos. El muchacho hizo un arco perfecto en el aire antes de caer entre las bolsas de basura y la inmundicia del bar. Damian se quedó mirando al dueño del local, escuchando lo que le decía al muchacho. Se encogió de hombros y soltó una carcajada.

-Obviamente éste no está acostumbrado a locales de la categoría del tuyo, amigo.- se agachó frente al cuerpo inconsciente de uno de aquellos tipos y le sacó la cartera del bolsillo. Se la lanzó al barman antes de que se marchara, que la atrapó al vuelo.- No te vayas de vacío, hombre.

No le interesaba llevarse mal con aquel hombre, y había estado a punto de montarle un altercado grave ahí dentro. El tipo abrió la cartera, sacó el dinero y, satisfecho, la lanzó al suelo antes de meterse de nuevo en el bar y cerrar la puerta. No eran bienvenidos de nuevo en el interior, eso estaba claro. Damian miró la puerta cerrada y luego a ese chaval que iba a ser su  nuevo aprendiz… El chico tenía un aspecto terrible, apenas parecía consciente de dónde estaba y la expresión “borracho como una cuba” se le quedaba muy corta. Parecía a punto de vomitar o sufrir un coma etílico, lo que ocurriera antes. Damian suspiró: odiaba a los criajos.

-Ven aquí.- Damian hincó una rodilla a su lado y le agarró la mano con la que se tapa la boca, apartándosela de un tirón. Lo tomó de la cabeza y se la inclinó con fuerza hacia delante, y después, ni corto ni perezoso, le metió dos dedos con fuerza en la boca.- No te resistas. Es lo mejor que puedes hacer ahora. Saca toda esa mierda que te has bebido y te sentirás mucho mejor.

La palabra “tacto” no estaba en el diccionario del Capitán Giacometti. Por mucho que el chaval pudiera tratar de resistirse no estaba en condiciones de ganarle en fuerza al peliazul – ni en pleno control de sus capacidades podría lograrlo seguramente. El chico no tenía más que ceder y hacer lo que el mayor le indicaba: vomitar y echarlo todo. Era la única forma de salir de aquel callejón sin que Damian tuviera que cargarlo como a un fardo de patatas. Y no le apetecía que le vomitara a la espalda mientras lo hacía.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Sáb Dic 31, 2016 2:44 pm

Desorientado era ya palabra que se quedaba corto. Ni sabía dónde estaba, ni como había llegado y, por poder, no podía ni con su propia vida en esos momentos. Escuchaba voces, pero no las prestaba atención, siendo para él solo ruido inentendible. Al notar que alguien le tomaba de la mano, le miró con unos ojos enormemente abiertos: por la falta de luz en aquel sitio, y porque en realidad veía jodidamente borroso todo a su alrededor, costándole enfocar cualquier cosa. Y más ahora que se le plantaba tan de cerca. -¿...? ¡Hg! -gimió cuando introdujo sus dedos en su boca, sintiendo unas fuertes arcadas que le hicieron retorcerse instintivamente, apartándose y consiguiendo sacar sus dedos (aunque en realidad, si lo consiguió, fue porque así lo quiso el contrario más que por conseguirlo el), devolvió, sosteniéndose con los brazos contra el suelo, en una pésima posición de a cuatro. -u-uahg....

Todo resultaba ser alcohol. Todo líquido. No había comido nada desde el desayuno, y poco habia sido solido en él incluso. Cuando pareció cesar, tiritando ligeramente, volvió a dejar su cuerpo caer contra el contenedor de la basura de aquel podrido callejón.

Pálido y ojos húmedos, tomaba aire en suaves bocanadas. Le dolían las costillas del esfuerzo de vomitar, y sentía frío y un sopor tal que le importaba poco quedarse dormido allí mismo. Entre basura y su vomito.

-No.... no me toques... -susurró sin fuerza siquiera, mirándole cansadamente tras su flequillo en punta. -ah.... ah.... -tiritaba en tensión. No sentía las manos del frío. Eran torpes sus movimientos. Y débiles. Unas lágrimas cruzaron su rostro para encontrarse en su barbilla. Se daba lástima por verse lo que más grima le daba: un débil, una escoria. Pero ¿que más podía hacer? Le habían tratado de ese modo al destinarle donde aquel desconocido tipo Capitan de un puñado de hombres. Daba por hecho que su vida ya no sería la que el habia esperado: grandeza, reconocimiento, honor, poder.... Todo a la mierda a pesar de su rectitud, esfuerzo y sacrificio. -Esto es una mierda...... Edén... me da asco.... -susurraba entre dientes, enojado por él y por todo. -¡Uhh...! -una arcada le puso alerta para tomar posición, tapándose la boca de nuevo, pero no pasó nada. No tenía nada que echar.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Sáb Dic 31, 2016 3:31 pm

Por supuesto el resultado fue el esperado. Sus dedos provocaron que la húmeda y caliente boca ajena se contrajese y el chico lo empujó lejos justo para evitar que le pringara las botas de cuero de vómito. Damian lo observó en silencio echarlo todo, con el codo apoyado en la rodilla y la mandíbula en la palma de su mano: la viva imagen del hastío. Ese crío no tenía más que líquido dentro, y a juzgar por el color y el olor era casi todo cerveza. Damian lo observó de cerca, pero empáticamente estaba muy lejos. Él mismo había vomitado así decenas de veces, y aunque era como mirarse al espejo sentía que él no podía ser tan patético como ese chico. “Éste me va a durar incluso menos que su predecesor” pensó, en parte agradecido, porque odiaba tener que cuidar de los cachorritos de la Academia, “lo siento chaval, has tenido mala suerte”.

-Sí, sí, Eden es una mierda, pero eso no es nada nuevo.- convino con tono aburrido mientras se ponía en pie y se quitaba la chupa de cuero para lanzársela al chico por los hombros. Estaba temblando como un pajarito y ya comenzaba a llorar, cosa que Damian no llevaba nada bien. No sabía cómo consolar a alguien que lloraba, pero desde luego tampoco quería. Las lágrimas si no eran de placer en lo más álgido del sexo, no tenían sentido.- Si no te queda nada más por echar ponte en pie, que nos vamos. No son horas de estar lloriqueando por aquí.

Los tipos del suelo comenzaban a moverse, y Damian ya no tenía más ganas de follones. Finalmente perdió la paciencia y, suspirando, fue hasta el chico y lo agarró de la camiseta para ponerlo en pie.

-Nos vamos.- repitió, y ahora que estaba vacío de molestos fluidos se lo cargó sin problemas al hombro. Al hacerlo descubrió dos cosas: que tenía mejor físico del que había pensado en un principio y que su trasero era bastante mullidito. Pero ambas cosas poco importaban, porque su relación iba a terminar tan rápido como había empezado.- Voy a evitarte que te expulsen de la Academia en tu última noche y nos vamos a mi casa. De todas formas está cerca y tú pesas, cabrón.

En el estado que estaba el pelinegro poco podía oponerse a ser llevado de aquella vergonzosa manera. A pasos firmes Damian salió del callejón y puso rumbo a su piso. Con suerte cuando amaneciera y aquel chico se diera cuenta de quién era en realidad, la vergüenza haría que dimitiera incluso antes de coger el transbordador a Kosmov.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Sáb Dic 31, 2016 4:00 pm

Tomó esa chaqueta negra que le tiró encima, mirando al contrario con esa mirada perdida y ensombrecida suya sin entender nada. ¿Por que le ayudaba? Ni idea. ¿Quién era? Tampoco lo sabía. Entonces, ¿por qué no preguntaba? Pues por la sencilla razón de que no se le ocurría precisamente plantear esas preguntas, y, en segundo lugar, porque aquel tipo se estaba encargando de él. ¿Para que preguntar entonces?

Sin embargo, cuando dijo que se iban, incluyéndole eso a él también, añadiendo lo de que no eran horas ni el lugar pra estar lloriqueando, se enjuagó con el antebrazo del la chupa de cuero los ojos. -Yo no lloro... -murmuró, sin hacer el amago de moverse de allí porque no podía ni con su cuerpo. Si lo intentaba sabía que el mareo o sus piernas lo tirarían al suelo, pues incluso ahí sentado en el suelo sentía como los cimientos se inclinaban primero a uno y después a otro lado.

-¡¿...?! -se dejó cargar, tapándose la boca por presión del hombro hundirse en su estómago y el agitado meneo que le regalaba con aquel penoso paseo por las calles de mala muerto de a saber dónde de los suburbios. Si es que estaba ahí, que tenía toda la pinta.

La poca gente que los veía pasar, miraban a Damián llevar al hombro a un chaval que parecía inconsciente, aunque alguno ya había pensado que era un cadaver lo que llevaba al hombro. La muerte, violaciones, peleas y actividades ilegales varias estaban al orden del día allí. No pillaba a nadie desprevenido.

-Voy a vomitar.... -Las nauseas aún seguían, aunque fueran solo arcadas. Ni la postura, ni el mareo, ni la presión en su estómago le ayudaban. Quería morirse. Sentía que se moría. Estaba seguro de que le estallaría la cabeza sino echaba por la boca los órganos antes, y ello si es que no se quedaba dormido antes y la palmaba por una u otra causa de las anteriores sin darse cuenta. Como todo lo ocurrido esa condenada noche.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Damian Giacometti el Dom Ene 01, 2017 6:37 am

Le dio la impresión de que el chico quería protestar, pero no parecían quedarle fuerzas. Damian imaginaba que el viaje no le estaría gustando en absoluto, pero es que no le importaba una mierda. Cuando uno se pasaba de listo bebiendo tenía que asumir las consecuencias. Y así con todo. La vida no estaba hecha para los débiles y lloricas. Y la única forma de hacerse más fuerte era pasar por trances como aquel y superarlos.

Las calles estaban casi desiertas a esas horas de la noche, con el alba ya tan cerca. Damian, que también había bebido considerablemente, notaba que los efectos del alcohol se evaporaban con la brisa nocturna. Bien, porque tenía que cuidar de ese mocoso y porque le quedaban como unas cinco horas para tener que estar en el hangar, preparados para subir al transbordador espacial. Alguien iba a pasarlo muy  mal si desayunaba…

-Si me vomitas encima te tiro a un contenedor de basura y me largo, niñato.- fue la respuesta del peliazul a la advertencia de su fardo.

No tardaron mucho en llegar al piso de Damian. Como cuando estaba en Eden casi todo el rato se lo pasaba de fiesta había decidido alquilar un apartamento cerca de la zona de bares. El edificio, no obstante no tenía mal aspecto: alto como todos los de Eden y de un sobrio cemento gris con cristaleras tintadas. Sólo cuando estuvieron en el ascensor, camino del piso 30, dejó a su carga en el suelo, aunque manteniéndolo agarrado por los hombros para impedir caídas tontas.

-Bien chaval, odio hacer de niñera y no soy una hermanita de la caridad, así que sé consciente de que antes o después me vas a tener que devolver este favor que te hago.- la puerta del ascensor de abrió en el rellano del piso 30 y Damian condujo al muchacho a la puerta A. Puso su mano derecha en el sensor digital y el escáner emitió un brillo rojizo antes de cambiar a verde y abrirse la puerta con un chasquido.- Hogar dulce hogar… A dentro.

Si el chico hubiese tenido tiempo de observar el lugar se habría dado cuenta de que se parecía mucho a cualquier otro piso de un hombre soltero – y guarro. Platos y ropa por en medio, desorden generalizado, falta urgente de limpieza… Pero nada de eso pudo ver porque Damian lo empujó directamente hacia el baño. Éste estaba más o menos igual de guarro, pero Damian sin miramientos llevó al crío hasta la bañera, lo metió dentro y, tras arrancarle su chupa para que no se la mojara, lo roció con un buen chorro de agua fría. Al menos tenía que poder aguantar eso si quería ser su ayudante, ¿no? No pudo – ni quiso – contener la sonrisa lobuna.
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Re: Encantado de conocerte [Priv. Drusco Levi]

Mensaje por Drusco Levi el Dom Ene 01, 2017 8:37 am

El viaje fue tortuoso, y aunque no dejaba de bloquear su boca por las arcadas, la amenaza de quedar tirado en la calle, junto con el poco orgullo que le quedaba, hicieron que se contuviera. Aunque una vez en el suelo, quiso volver a su hombro en silencio, soltando solo un quejumbroso gemido por el mareo intensificado y el férreo agarre por su hombro.

Aquel tipo no era nada delicado, ni considerado. Un saco de patatas tendría mucho más cuidados que los que le estaba dando, seguro, pues para empezar no le arrastraría con él por todo aquel piso que no llegó a enfocar debidamente. Sin embargo, en su torpe pasó a trompicones, pateó algo en un par de ocasiones. No supo si era alguna botella, una revista, un cojín una caja o que. Lo único que su embotada cabeza llegó a saber con certeza es que se encontraba en una baño, y eso solo cuando se vio acorralado entre la pared y aquel tipo de azulado cabello que.... ¿Sonreía? Drusco le miró desorientado, perdido, pero aún más turbado por no entender que hacía dentro de la ducha. Y por qué sonreía de esa manera tan....

-¡AAH! ¿¡Pero que...!? -El frió lo espabiló, pegandose de costado contra la pared con el cuerpo calado. La camiseta y la ropa en general se le pegó al cuerpo. Drusco se abrazazaba los brazos mientras intentaba vanamente defenderse del agua fría que le enchufaba el contrario, tiritando en tensión. -¡Para! ¡JODER, para ya! ¡N-no! -Defenderse de aquel chorro de agua fría era inútil, calándose aún más al tratar de evitarlo.

-¿E-era e-e-esto necesario....? -tiritaba, cayéndole agua por el rostro, teniendo el cabello pegado y chorreante. -No sabes qui-quien soy.... uf... ¿que vas a-a hacer...me...? -hablaba bajo, arrastrando las palabras aunque con más "fluidez" que antes. Incluso sus ojos brillaban más espabilados, aunque aún muy lejos de conseguir su mirada rasgada y fuera. No con esa cara, esa pose y esa situación tan de cachorrillo acorralado y asustadizo.
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