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I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

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I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kenma Kozume el Miér Jul 08, 2015 11:33 pm

Le costaba bastante recordar el momento preciso en que Kuroo había pasado de ser su vecino odioso y molesto hasta el hartazgo, a ser su mejor amigo, la persona en quien más confiaba.

La persona a quien con los ojos cerrados le entregaría una daga y le daría la espalda, porque sabía que no le lastimaría, no le traicionaría jamás ni le apuñalaría por detrás. ¿Y por qué confiaba tanto así en él? Fácil: Cosas que jamás sabría. Pero confiaría su vida a Tetsurou de ser estrictamente necesario, porque, joder, en el fondo lo intuía, que nunca haría nada que hiriese en verdad y seriamente a otra persona. O que le hiciera daño a él, en su totalidad. Desde siempre había sido así, Kuroo fue una persona transparente y honesta consigo mismo desde el principio y con los demás, la mayoría de las veces al menos, y eso era digno de admirar a los rasgados ojos de Kenma, quién era bastante adepto a la honestidad.

La honestidad de Kuroo era algo sumamente remarcable.

La manera en que sin rodeos Kuroo Tetsurou podía decir las cosas que otros no dirían, por temor o por pena, el modo en que sin vergüenza soltaba la mayoría de las cosas que le venían a la cabeza, sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. Eso, eso lo hacía una persona completamente distinta a él, a Kenma. Aquello, más que cualquier otra cosa, fue lo que le empujó a darle una oportunidad a Kuroo. ¡Nada de esas tonterías de que se hicieron amigos gracias a la insistencia de la pantera! No, claro que no. Y, caray, como detestaba en silencio que le repitiesen una y otra vez que estaban como se hallaban en la actualidad por el cómo Kuroo insistió e insistió, hasta que derrumbó la muralla que había construido alrededor suyo.

Y aunque en parte era bastante cierto, pues Kuroo a pulso de puño había conseguido que Kenma se abriese a él, también existían otras razones igual de válidas, que igual como esas, debían ser mencionadas por las señoras del condado en que residían. Si Kenma hubiera querido se habría alejado de Kuroo tan pronto como tantas otras veces lo había hecho con tantas otras personas. Curiosamente, se había encontrado con la sorpresa de no poder. De no estar en sus cabales como para soltarlo, porque habiéndole conocido a él, de manera sutil y poco a poco le había vuelto una versión más loca de sí mismo. Y hoy por hoy, se sentía tranquilo y feliz de no haberlo hecho, de no haberlo alejado, de haber dejado que Kuroo le convirtiese en una versión más segura de sí mismo, más alocada, aunque el aburrimiento monótono continuaba presente en sus ojos. Sólo un experto en el tema, sólo alguien que les hubiese acompañado desde el principio, notaría en las gemas de Kenma una chispa diferente, que se encendía únicamente cuando estaba cerca de su capitán.

Kenma admiraba en demasía a Kuroo, sin saber que esos sentimientos estaban derivándose a algo más. Algo más adictivo, algo más fuerte y poderoso que la misma heroína, o la cocaína. No era como si la hubiera probado en algún momento, pero conocimiento tenía. Bastante. Y podía asegurar que Kuroo era tan o más adictivo que aquellas drogas letales. Kuroo era más letal que todo aquello. Y se sentía irremediablemente atraído por él, por su peligrosa forma de ser, por esa mirada burlona. Sabía, por tanto, que acabaría consumido por él al final, que acabaría volviéndose dependiente de Kuroo, que no podría pasar un solo día sin estar a su lado. Jamás se consideró alguien que necesitase a otro en su vida, pero había llegado al pequeñín de cabello desordenado un día y todo lo había puesto patas arriba, arruinándole esa vida llena de paz que le había gustado mantener. Ahora, no podía verse sin Kuroo, aunque lo intentase.

Alzó apenas la mirada, el metro moviéndose con extenuante rapidez, una que a él le comenzaba a disgustar. Había perdido en su juego y ya no le quedaban vidas hasta dentro de una hora o dos, maldijo por lo bajo, silencioso y sólo frunció el ceño, en un mohín destartalado por la molestia—. ... Es un juego aburrido —rodó los ojos, resoplando. Tenía un par de horas tratando de matar a ese enemigo y por mucho que intentaba, no conseguía pasar de nivel matándolo. Se recostó del respaldar y observó por unos momentos a su compañero, de hebras negras y peculiares—. Pasemos antes de llegar a casa por un pie de manzana —no le miró a los ojos, se mantuvo ausente en su asiento hasta que escuchó que mencionaban la estación donde se quedarían. Bostezó. Eran las nueve con treinta y cinco minutos, y la luna ya se había puesto en lo más alto. Fue demasiado pronto, supuso que algo raro ocurriría aquella noche, aunque no sabía el qué—. Mh... Si no quieres ir, puedes adelantarte y yo iré solo a comprarlo. No tienes por qué molestarte —se encogió de hombros, mientras se bajaban del tren a empujones que daban los demás, apresurados.

¿Vas a querer que compre algo para ti? —Susurró, volviendo a sacar el videojuego. Esta vez, probaría con uno distinto. Ya luego volvería con el anterior.
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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kuroo Tetsurou el Lun Jul 13, 2015 7:10 pm

Algunos dirían que estaba más claro que el agua, la relación de amistad tan estrecha que Kuroo llevaba con Kenma rozaba lo romántico, la necesidad, la verdad pura de que si te encontrabas a uno de aquel par, definitivamente el otro se encontraría a su lado, o al menos cerca, rondando por la cuadra. Si se analizaba, no era difícil comprender que el de hebras dicromáticas entraba en una posición completamente diferente a la de todos los demás si se consideraba una pirámide de poder, en la cual, en el tope no había nada más que un pequeño gatito que recibía privilegios desmesurados. Si se quería una lista de éstos, se podía resumir más o menos así:

- En el bolso y el cuarto del pelinegro, se podía encontrar un cepillo de dientes adicional al suyo, una gran cantidad de manzanas, cargadores no sólo de celular, sino también de consolas portátiles,  cambios de ropa que nunca le quedarían considerando su estructura muscular, estatura y que definitivamente no sentía atracción por vestimentas tan femeninas, toallas adicionales y por supuesto, protector solar. Todo, absolutamente todo, se lo llevaba para atender a su amigo de la infancia cuando lo necesitara.
- Si Kenma desaparecía o llegaba tarde, se molestaría con sus compañeros de voleibol por no saber a localización de éste, se iría a encontrar al pudín, y una vez lo hiciese, ni se dignaría a regañarle.
- El de hebras dicromáticas podría llamarle a la hora que deseara, que podía estar seguro, el Tetsurou se apresuraría a su lado sin importar la razón.
- Se encargaba de mantener el departamento del menor limpio, ordenado, prácticamente como todo un sirviente, inclusive, se aseguraba de que éste comiera apropiadamente y no viviera de sopas, fideos y comidas instantáneas.

Y aquella lista era pequeña, diminuta, si tomabas en cuenta todo lo que aquel muchacho haría por su pálido “amigo”.

El punto era que, estaba claro quién era la persona más importante en su vida, y por supuesto, no se le hizo demasiado difícil admitirse a sí mismo que sus sentimientos por el contrario eran algo mucho más diferente a, por ejemplo, la estrecha amistad que tenía con Bokuto, ¿razones? Lo que el gatito era para él, era mil veces más intenso: Estaba jodida y completamente enamorado suyo desde hacía tantos años que ya ni recordaba cómo era no estarlo. Muchos se habían dado cuenta, otros simplemente se hacían los que no sabían, y muy pocos genuinamente ni lo notaban, pero era transparente, fácil de ver, que el pelinegro meneaba la cola casi como un perro al estar en presencia del semirubio con rostro monótono. La paciencia que tenía era inmensa, pero considerando los varios “niveles” que su amor por el más pequeño había avanzado, se dijo a sí mismo que era hora de hacer algo al respecto. Kuroo podía ser un tanto experimentado en temas como el sexo, o en la seducción, pero la cruda realidad era que se trataba de un perdedor, uno que fácilmente se comparaba con aquellos vírgenes enamorados que no tenían ni la menor idea de cómo atraer a ese alguien por quien perdían el sueño. Incluso aunque lo intentaría, el resultado podría ser catastrófico, así que buscaba ir con calma, quizás si era más obvio que nunca, el otro se daría cuenta.

Caminaban juntos, el aire entre ambos un tanto diferente, al igual que la noche, estiró la mano mientras le escuchaba, tomando la contraria y hundiendo ambas en el bolsillo de su saco, hacía frío, al menos para la temperatura común en la que se veían sumergidos cada vez que se iba el sol, - Podemos ir juntos, no me molesta acompañarte, - Continuaron la caminata como si nada, lo suficientemente cerca como para ser considerados una pareja, cosa que se confirmaría si se viera el inevitable sonrojo agolpándose en las mejillas del de hebras oscuras, - ¿Quieres quedarte a dormir en mi departamento?, - Vivían muy cerca, aunque no fueran compañeros de cuarto, - Hey, Kenma, - Le miró de reojo, - No sueles usar ropas tan pegadas, te quedan bien, - Se rascó la mejilla, aún con la mano contraria y la suya entrelazadas, nervioso como un mocoso, diciendo cumplidos como todo un mocoso, de esos similar a “que lindo tienes el cabello”. Joder, era todo un imbécil amateur en el amor, ¿y cómo no? Si en toda su vida sólo había amado a una persona.



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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kenma Kozume el Miér Jul 22, 2015 3:20 pm

La manera en la que Kuroo apenas habló le pareció, por demás, curiosa, incluso haciéndole pensar en algún punto del trayecto que su capitán había sido reemplazado por alguien mucho menos... Kuroo Tetsurou. Esa pantera parlanchina con la que a veces se entretenía y con la que otras, se desesperaba. Y era que, pese a que muchas veces Kuroo resultase alguien pesado, su voz era una buena fuente de calma para Kenma, que parecía estar siempre alerta. De algo, no sabía de qué, pero alerta de algo... O alguien. O lo que fuera, lo cierto era que le daba igual, pero siempre estaba pendiente de su alrededor, y de la gente. Por tanto, siempre estaba pendiente de esos pequeños detalles que si bien para algunos serían irrelevantes y tontos, para Kenma eran... ¿Bastante importantes? Sí, exactamente. Muy importantes, tal vez demasiado. Y muchos de esos pequeños detalles podían ser como el hecho de que Tetsurou estuvo demasiado callado, quizá ahondando en algún tema con relación a las semi finales, que se hallaban a la vuelta de la esquina y que, bajo cualquier otra circunstancia, habría estado hablando más de la cuenta o por lo menos más que lo hizo en ese instante.

Despabiló pronto con la gentil acción, tensándose casi inmediatamente. No le desagradaba, para nada... Pero era extraño. Caviló un poco más en su interior y aunque abrió la boca para decir algo con respecto a lo ocurrido, nada salió. Sólo silencio. Se dejó hacer, sus mejillas tiñéndose de un bermellón bastante visible debido a la traslucidez de su blanca piel y antes de pensar chorradas como que eso era por la vergüenza que sentía, lo atribuyó inteligentemente a que el frío estaba haciéndole mella desde ya. Y que un chocolate caliente y un buen pie de manzana lo arreglarían todo. Sí—. ¿Qué? —Fue medianamente tajante, no lo iba a negar; pero el halago repentino le había dejado desentonado, y cómo le irritaba que le dejaran así, fuera de lugar, sin saber qué clase de respuestas dar. Kuroo debía saberlo, pero seguro que como siempre, siendo un desconsiderado o quizá un cuasi descerebrado, no pensaba en esa clase de cosas y sencillamente decía lo que le venía en gana, lo primero que se le cruzaba por la mente. Tonto. E indiscutiblemente descarado—. Lo que sea. —Refunfuñó, sus labios curvándose en una mueca de extrañeza pura.

Alzó su mirada en dirección a la de Kuroo y apartó las manos de golpe, evitando ese sentimiento de opresión que de pronto había sentido en la boca de su estómago, martirizándole. Presión, como si le hubieran dado un golpe con la pelota de voleibol... Seguro que no era nada, y que ese sentimiento no era por el repentino contacto. Pero para estar seguros, de cualquier forma, se apartó. Y desvió la mirada a su consola—. Mierda —murmuró, a lo que fruncía levemente el ceño al notar cierto detallito que lo tomó, así como lo de su capitán, desprevenido—. ¿De casualidad no me habré dejado un cargador en tu casa? —inquirió, sin muchas esperanzas al respecto. Se decidió a dejar de lado su dispositivo y lo guardó en la mochila con sumo cuidado, viendo de no arrimarlo en un lugar que pudiera rayarse o peor, mojarse o estropearse.

Al final, suspiró; el clima no parecía querer menguar su oleada de frío extremo sobre la ciudad y Kenma no se veía totalmente disgustado ante el hecho. En realidad, le encantaba. No era alguien adepto al sudor y por mucho que el frío de verdad jodiese como quisiera, le evitaba cosas como sudar cual cerdo apestoso. En pocas palabras, le daba lo mismo. Pero mientras le evitase oler como un puerco, o transpirar, por él estaba bien, que siguiera así como estaba. Se reacomodó en el cuello su bufanda y estornudó—. ¿Irás entonces? Me da lo mismo cómo prefieras . Adelántate, o ven conmigo. También pediré un chocolate caliente —explicó, impío y calmado. Empezó la caminata en dirección a una cafetería que quedaba cerca y no esperó a por su capitán. Los pies se le adelantaron, pese a que caminaba bastante lento y torpe, por la imprevista ventisca que estaba dando inicio. El local no quedaba demasiado lejos y esperaba, a lo mucho, que tardasen unos quince minutos de caminata y eso precisamente por el viento que salvaje, fiero y fúrico, chocaba en contra de su rostro. Estaba a nada de romperle las mejillas. Ya no sabía qué era peor, si ese clima gélido que te helaba los huesos o el clima ardiente de Japón. Ambos le parecían igual de malos.
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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kuroo Tetsurou el Lun Jul 27, 2015 8:05 pm

Su mano en relación a la de menor era mucho más grande, pudiendo acomodar con facilidad la contraria en la propia, como si fuese una armadura, rodeándola y dándole un hogar que seguramente era mucho más cómodo que el aire. Le gustaba, joder, lo adoraba, la sensación de estar tocando a su mejor amigo tal y como si fuesen una pareja le enloquecía, poniéndole ridículamente nervioso, después de todo, jamás había hecho algo similar, y temía no fuera del agrado del semi-rubio. Alzó las cejas al escucharle tan seco, frunciendo el ceño y recordando las palabras anteriores, pensando qué había dicho que estuviese mal, y si quizá lo que le irritaba al gatito era el hecho de que le estuviese coqueteando de forma poco sutil, ceño y pensamientos que se agrandaron al verle apartar tan bruscamente su mano al cabo de un par de minutos, alejándose más de lo normal, siendo que ambos tendían a caminar casi pegados el uno del otro. Sintió un hueco en el pecho, como si le quitasen el aire, sus manos ahora hundidas en los bolsillos de su chaqueta negra, irritado consigo mismo por haber pensado algo tan idiota, cuando estaba más que claro que el otro sólo le veía como un amigo y parecía enojado ante la idea de que le tocasen de esa forma, al menos cuando se trataba de Kuroo.

Sabía de sobra que el Kozume no era un fanático del tacto, y más de una vez se había preguntado si tan siquiera pensaba en el sexo como los chicos de su edad, no lo sabía, en algún punto se permitió llegar a la conclusión de que era mejor no darle vueltas al asunto, y que quizá, algún día tendría la respuesta espontáneamente, ya sea en el momento en que el pequeñín encontrase a alguien a quien querer, una pareja, o en el momento en que al fin se diese cuenta de lo jodidamente enamorado que tenía a su capitán para darle una respuesta, un sí o un no, y con suerte, que seguramente no la tendría, podría aprender más por sí mismo, gozando la idea de ser su pareja, y es que si el menor fuese asexual, le valdría mierdas, así de idiota estaba por él, demasiado dispuesto a lanzar por la borda el sexo con tal de estar a su lado.

La realidad era que tenía un cargador de consola en su bolso, pero, algo le impedía decírselo, quería pasar tiempo con el pequeñín, incluso aunque prácticamente le estuviese rechazando, – Lo tengo, Kenma, - Explicó, sonriendo levemente y viéndole caminar a la cafetería, acompañándole a paso rápido, dándole un pellizco en la mejilla con cariño, - No me invites y luego me digas que te da igual estar conmigo, - Lo dijo en tono de broma, aunque claramente llevaba una carga extra aquellas palabras. Miró de reojo el local, era nuevo y estaba positivamente lleno de gente, siendo lo más notorio del lugar el mesero con dientes extraños que no paraba de mirar a uno de los clientes, un joven sentado lejos con cabello azabache que parecía estar dibujando, conocía esa mirada, y no podía evitar simpatizar con aquel trabajador. Acarició el cabello del más bajo, acomodándoselo y pidiendo dos chocolates calientes en lugar de su compañero, sabiendo que a éste no le gustaba demasiado ordenar comida, prefiriendo que el otro lo hiciese en su lugar. Se sentaron en la barra, el de cabellos alborotados aún ligeramente irritado por la forma en que su amigo de la infancia decidía ignorarle, - ¿Te disgusta que te toque?, - Refunfuñó, notando como el menor se congelaba, no pensándolo demasiado antes de quitarse la chaqueta y colocársela encima, arropándolo y haciendo que ésta le rodeara como todo un burrito, e incluso quitándose el gorro para ponérselo encima al otro, sonrió felino con la apariencia contraria, - Te ves ridículo, Kenma, pero no quiero que seas un cubo de hielo para cuando regresemos a casa, - Y decía “a casa”, porque si bien no vivían juntos, usualmente se sentía como si lo hicieran.



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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kenma Kozume el Dom Ago 02, 2015 5:37 pm

Kenma acudió, desesperadamente, al atronador silencio que dejaba como apremio el desconectarse del momento.

Se había encontrado tan turbio y desconcertado que ni siquiera había conseguido articular una palabra correcta. Sólo estupideces, mal llamadas oraciones, fútiles, que conseguía soltar para alivianar el peso de aquel instante, extraño, indiscutiblemente incómodo para el cerebro de Nekoma, quien se calló lo que restaba de camino para evitarse así más vergüenzas e incomodidades con Kuroo. Y es que, viniendo de Kuroo Tetsurou, le había dejado boquiabierto aquella acción tan imprudente; en especial viniendo de él, de la persona que probablemente, debía ser el mayor conocedor de esa incordia que sentía Kenma cuando de inmiscuirse o rozarse con otros se trataba. Y era que desde muy joven había tenido aquella ansiedad social, desde pequeño, ese rechazo, ese temor y esa, a su vez, intriga. No querer hacer nada por encajar con los demás pero tener esa latente curiosidad por saber qué era lo que otros pensaban de él, de ese comportamiento especialmente apático que tenía y el cual sus padres se habían encargado de acentuar a lo largo de los años. Aunque éstos le hubieran dado suficiente apoyo, la sobreprotección y demás siempre había quedado ahí, como un gravísimo error.

Kenma esperaría que sus inseguridades pudieran disiparse una vez adentrarse al cálido local, esperaba que pudieran derretirse o sencillamente esfumarse como humo al viento, sin dejar rastros, de modo que pudiera terminar bien la velada con su mejor amigo... no obstante aquellos sentimientos sólo se hicieron mayores, más palpables, más desagradables. Se encogió sobre sí mismo, pareciéndole extraña aquella opresión sobre su pecho. Tembló, ligeramente, el frío apoderándose de él hasta calarle los huesos—. Podías hacer lo que quisieras, lo sabes —entrecerró los ojos, abrazándose a sí mismo debido al repentino frío que comenzó a sentir—. A mí no me iba a molestar para nada si te adelantabas o me seguías hasta acá —explicó, haciendo un mohín con los labios mientras era envuelto por la chaqueta de Kuroo. Sus palabras lograron que en sus mejillas, la sangre se amontonase y gracias a la blancura de su piel, lo rojizo se hizo ostensiblemente notorio. Maldijo a la pantera por lo bajo, sintiendo el bochorno subirle hasta las orejas y por último envolverle el cuello por completo—. No seré un cubo de hielo... No molestes con eso —cortó, gruñón y avergonzado por las palabras y el trato tan cariñoso que Kuroo le estaba dando. Antes no le había molestado, pero ahora... ¿Por qué ahora se sentía de ese modo? Se mordió dentro de su boca la mejilla y sacó de su bolsillo en teléfono móvil, donde tipeó «¿Te comportas así con las chicas con las que sales?».

No podían culparle. Era su mejor amigo, a fin de cuentas. Y tenía curiosidad, también. Luego recordó el dicho de que el gato había muerto por su curiosidad y no pudo hacer más que pensar que, como el gato de ese refrán, él también moriría alguna vez por la respuesta a sus preguntas. Le restó importancia al asunto encogiéndose de hombros y guardando así el móvil, tras mostrárselo a Tetsurou.

Tragó en seco. Pero procuró ignorar todo lo demás que se arremolinaba en su interior; se aferró al calor que le profería aquella prenda de vestir y se giró a la barra—. Un chocolate caliente —pidió, removiéndose en su lugar. Estaba reuniendo todas las fuerzas que le quedaban para poder hablar con otra persona que no fuera el capitán de Nekoma—. Y un pie de manzana... —Murmuró por último, siguiendo con la mirada la dirección que marcaban los rubíes de quién le estaba atendiendo. Notó cómo observaba con devoción a un joven de hebras oscuras y le pareció intrigante, pero demasiado fuera de su alcance. Fuera lo que fuese aquello que dijeran los ojos del pelirrojo, Kenma jamás lo sabría. Probablemente, tampoco aquel chico de cabellos oscuros—. Kuroo, ¿Tú qué pedirás? —No hicieron falta palabras directas, era obvio que se estaba ofreciendo a invitarle algo de postre y algo de beber. Después de todo, de algún modo quería compensarle el mal rato que estaba haciéndole pasar.
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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kuroo Tetsurou el Dom Ago 09, 2015 3:18 am

El pequeño gatito de ojos amarillentos estaba rojo, más que un cubo de hielo podría considerarse una manzana congelada, y era irónico que aquella fruta fuese la favorita de Kenma. Sonrió felino al verle tan avergonzado y hundiéndose en el cuero de la gran chaqueta, el rostro redondo y adorable del contrario pintando una especie de berrinche, claramente nada cómodo con que le molestaran, o que su compañero estuviese diciéndole palabras hechas para ligar. Observó entre un corto silencio al muchacho que había tomado sus órdenes, cuidando de lejos que no se equivocase, porque era probable que lo hiciera si cada 3 de 5 minutos se la mantenía mirando al azabache sentado en la mesa frente a la ventana, sin embargo, milagrosamente los pedidos llegaron en manos de ambos correcta y adecuadamente: el par de chocolates caliente, el pie de manzana de Kenma, y la tarta de chocolate que optó por comprar para sí mismo, qué podía decir, era un amante del cacao. Le pidió igualmente al muchacho que en una cajita de la tienda le llevara unas galletas de manzana para llevar, eso, y otro pie, todo con la intención de poder complacer a su pequeñín por al menos un par de días más. Guardó la bolsa con los postres junto al morral en el que llevaba todo lo demás, disponiéndose a comer con calma, y riendo ante el mensaje en el celular del menor, sabiendo perfectamente que a éste le incomodaba a veces hablar sobre ciertos temas, optando por escribir aquello que quería decir, ¿y cómo explicarle? Era imposible hacerlo sin declararle rotundamente sus sentimientos, porque, por supuesto que él era especial, no como las muchachas que el azabache utilizaba para un polvo casual, y es que a nadie más le daría toda esa atención, yendo y haciendo lo que el gatito deseara si se lo pidiera, teniendo cuidado de mantener la salud y el bienestar del muchacho tan torpe y callado, protegiéndolo siempre que podía, y prácticamente velando por su felicidad.

Kuroo era un esclavo al que no le ordenaban nada.

Incluso aunque Kenma se ofreció a pagar, sólo le dejó pagar las bebidas. Le miró de reojo, acercándose un poco más al menor, - No, - Explicó, - Tú no eres como las chicas con las que salgo, - Se sonrojó, rascándose la mejilla, sonriendo con un poco de melancolía ante la idea de que efectivamente el otro no le correspondía, al menos el cariño que le tenía no era de la misma forma que el azabache profesaba, - No te cuido para obtener algo de ti, Kenma, lo hago porque eres importante para mí, - Continuó el postre, sonriendo de medio lado al verle lleno de postre, tomando una servilleta y paseándola por los cachetes, aquellos que tantas veces quiso morder, - Torpe, - Continuó limpiándolo, mirándole ligeramente burlón, - Pero si quieres que te trate como a mis novias, puedo hacerlo, - Se inclinó hacia el pequeño, paseando su lengua por el último trozo de tarta en su mejilla, no sabiendo exactamente de dónde carajo encontró el valor para hacer algo semejante, - Haría algo como eso, - Se relamió, mirándole felino, y terminándose el postre, continuando con la bebida, un silencio incómodo entre ambos que le hizo no mirar directamente a los ojos al semirubio, teniendo que encontrar otro tema para desviar la conversación y romper la tensión, el sonrojo bien claro en la piel del moreno y en la pálida de su compañero.

Mientras ojeaba el resto del café, notó algo particular, que le pareció justo un buen tema para no hablar de, “perdona que acabo de lamerte, pero he estado 10 años queriendo hacerlo”, - ¿Ves al pelinegro que el empleado no para de mirar? Es más sutil, pero también le mira de regreso, - Murmuró, acabándose el chocolate caliente, mirando a Kenma expectante, - Tú eres bueno con teorías, ¿por qué crees que es así? -



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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kenma Kozume el Miér Ago 26, 2015 1:17 am

Elevó una ceja, denotando cierta curiosidad que había brotado a raíz de las palabras, quizá buscando ser reconfortantes, de Kuroo. Ciertamente, él no era tratado ni sería tratado jamás como una de las chicas con las que el capitán salía, comenzando por el hecho de que él no era mujer. Y no había salido jamás con su mejor amigo; muchísimo menos tenía esa idea rondándole la cabeza, sería lo bastante extraño de por sí. Vivían prácticamente juntos, Kuroo siempre cumplía con cada uno de sus caprichos y era casi, casi como su esclavo. ¿Entonces tendría que sumarle a que estaba teniendo ese tipo de pensamientos? Por unos instantes el infierno le pareció un lugar bastante fresco para pasarse las vacaciones, porque el calor que inundó sus pómulos fue tal que debió desviar su mirada al teléfono, distrayéndose a sí mismo de las sensaciones que se arremolinaban en su pecho. Evidentemente, sería una confusión momentánea. No iba a pasar de aquello y claro que Kenma no iría a hacer ningún comentario al respecto. Tal vez, el gatito era demasiado recatado con ella. Tal vez. La verdad se abría paso siendo otra muy distinta. Vergüenza. A Kenma le daba vergüenza pensar en su mejor amigo como una posible... Especie de pareja. Resopló. Y pensó, a su vez, que el que llegasen a ser algo más que simples amigos sería imposible.

Despertó de pronto de sus pensamientos cuando la lengua abrasiva de Kuroo, excesivamente tibia y húmeda, le recorrió la piel del rostro, sinuoso. Quizá sin que el propio Kuroo Tetsurou se propusiera ser un coqueto, lo había sido. Y para infortunio de Kenma, Kuroo consiguió nada más y nada menos que el gatito, que había empezado a despejar su mente mientras comía del pie, se esponjara de tal manera que pudo apreciarse ciertos dejes gatunos, rasgos marcados que sólo un félido tendría.

Arrugó el entrecejo y se alejó, algo brusco, pero evidentemente apenado y sorprendido por la acción de su compañero. Tampoco que fuera a armar un escándalo, pero se veía bastante... Confundido. Y no podía ocultar la sorpresa que reflejaban sus irises ambarinos—. Kuroo... —rodó los ojos y se encogió sobre sí mismo, volviéndose de lleno nuevamente a su postre, como si aquello fuera a borrar la aceleración de latidos que había tenido—, deja de hacer cosas vergonzosas —cuchicheó, entonces dejando que sus ojos recorriesen un infinito camino desde el plato, hasta los ojos del capitán. Buscó una respuesta concreta, pero, al no hallar nada, suspiró. Kuroo hacía siempre cosas tan raras... No podía leerlo. No siempre. No cuando más lo requería. Dio un último bocado, entre tanto lo escuchaba decir cosas que para Kenma fueron sólo tonterías. Quizá no tanto, pero aparentó que le daba igual.

Su cabeza apenas se alzó, y discreto como siempre solía serlo, fijó la vista en el par que Kuroo le había mencionado. Elucubró en silencio, reflexionando y estudiando la situación, viendo sus acciones, juzgándolas en bajo perfil. Kuroo tenía demasiadas expectativas en Kenma. Mientras él se dedicaba a ver lo obvio de las personas, Kuroo creía que poseía poderes mágicos o alguna cosa de esa, en conjunto con Bokuto podían ser el par de idiotas más grande de la tierra. De la galaxia entera. Tras estudiarlos lo suficiente, suspiró y tomó entre sus manos la taza de cerámica, tibia. Aquello le hizo acomodar mejor las ideas en su cabeza antes de hablar y, cuando por fin iba a hacerlo y tenía hasta la boca abierta, nada salió. La cerró. Tomó un sorbo de chocolate caliente y se dispuso, finalmente, a hablar—: El pelirrojo quizá se siente incomodo ante la presencia del otro —se removió—, pero tampoco quiere alejarlo. —Musitó, bastante seguro de sus palabras y deducción—. Se nota por... Hn, la manera en que lo mira, como suplicando que entienda su situación y el de cabello negro...  Aunque no lo demuestre, añora la compañía del pelirrojo. —Hizo una mueca, sintiéndose abochornado por el culebrón que estaba relatando—. Supongo que... Ambos sienten algo por el otro, pero... ¿No se dan cuenta? No se atreven a enfrentarlo —lo dijo con voz decaída. Luego se acabó el chocolate a sorbos rápidos—. ¿Contento?
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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

Mensaje por Kuroo Tetsurou el Miér Sep 02, 2015 7:56 pm

Apretó los dientes, preguntándose qué tan obvio tenía que llegar a ser para que su mejor amigo notara de los claros sentimientos que le profesaba, ¿acaso debía llevar un cartel enorme en la cabeza que dijera ‘Kenma, estoy perdidamente enamorado de ti’? A veces pensaba que sí, y considerando la gran cantidad de idioteces que hacía con Bokuto, tampoco sería algo tan desligado de la personalidad ciertamente burlona de la pantera. Si no se tratara del pequeño pudín, sino de en cambio, cualquier otro chico, no tendría ni pelos en la lengua para provocarle lo suficiente hasta poder preguntarle si le correspondían, pero ese tipo de cosas jamás funcionarían con el menor, al contrario, si intentase provocarle para sacarle verdades, lo más seguro es que se ganara un gatito encerrado en su cuarto por meses, no queriendo saber absolutamente nada más suyo. Kuroo tendía a provocar para ganar información, lo había hecho con el muchacho de lentes y cabello rubio del equipo de los cuervos, a quien le tenía curiosidad y al cual quería enseñarle a no ser un imbécil que daba todo por perdido antes de jugar, y si bien no se esperó irritarle tanto, al menos todo terminó relativamente bien, pero era obvio, que Kenma no era como él, o como los demás.

Ver aquel sonrojo en las mejillas pálidas le hizo carraspear, intentando esconder el pequeño rubor casi imperceptible en su piel más morena.

Escuchó detenidamente el análisis del semi-rubio, quien parecía saber mucho más sobre los sentimientos de un par de extraños y cero sobre los de su mejor amigo. En parte, le irritaba, le irritaba que hiciera tanto por ganarse su atención y que no captara sus señales, y por otro lado, no entendía en lo absoluto cómo no se daba cuenta con lo perceptiva de su personalidad. Por un momento, pensó que simplemente como el pequeñajo nunca había experimentado algún romance, simplemente no entendía la sensación y por eso le era imposible llegar a simpatizar con alguien que lo sentía, pero justo ahora, con esa pequeña prueba, supo que no era así, que lo captaba de una forma u otra, y sabía perfectamente que ese pelirrojo estaba enamorado del otro muchacho. Suspiró resignado, - Seguramente son amigos de la infancia, ¿sabes que eso hace más difícil todo? Se conocen bien y se gustan desde hace demasiado años, pero es difícil romper una relación de la que llevas tanto tiempo acostumbrado, por una parte quieres que esa persona sea tu pareja, pero por otra parte, tienes miedo de que no te correspondan y joder esa amistad que tenían, - Habló serio, mirándole fijo, apegándole a sí para darle más calor, - Y estás tan acostumbrado a la idea de que esa persona es tu mejor amigo, que no te imaginas que te puedan corresponder, - Le acarició el cabello, soltándolo luego y pidiéndole al muchacho de hebras rojizas un pudín extra para llevar, pagando el resto y levantándose, - Te compré dulces para que seas un gatito feliz, Kenma, - Le tomó la mano y le llevó fuera del local, apretándola, como insinuando que no pretendía que la soltara como la última vez, - No puedo amarrarte, pero si no te cuido te volverás a perder, - Continuó la caminata rumbo a casa, - Compré un pudín, no sabía que estabas a la venta, Kenma -



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Re: I guess you could call it love. { Priv. Kuroo }

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